A la orilla de un acantilado, me acosté. Me puse pecho tierra, y, despacito, me arrastré hacia el borde del precipicio, lo más que pude. Logré asomar mi cabeza entera. Sentí vértigo, pero me encantó lo que veía. Una ráfaga de viento golpeo mis cachetes inesperadamente. Me asusté y me recorrí hacia atrás en un abrir y cerrar de ojos, alejándome de la orilla.
Me armé de valor, y, como una serpiente, me deslicé de nuevo hacia la orilla de aquel impresionante acantilado. El viento subía furioso, silbando, pero no logró asustarme de nuevo. Incluso, descubrí que me fascinaba la sensación de soporte que le daba a mi cabeza. Tenía la ventaja, además, de que mantenía libre mi cara de mis largos cabellos, que ,como si cada uno de ellos estuviera atado a un papalote invisible, se elevaban hacia el cielo. Cerré los ojos unos segundos, y sentí que mi cabeza se separaba de mi cuerpo. Subía cada vez más alto, cruzando algunas nubes espesas, para, finalmente, ser arrastrada por una corriente de viento que la llevaría al otro lado del mundo.
Por desgracia, mi cabeza seguía ahí, donde mismo, pegada a mi cuerpo por el cuello y repleta de complicados conflictos que atormentaban mi existencia. Despegué mis párpados, y me arrepentí de haber deseado, tan sólo hacía un instante, que mi cabeza estuviera en otra parte. Creo que mis ojos difícilmente hubieran encontrado un paisaje más hermoso, que ese que contemplaban ahí, en el fondo del profundo abismo. Recordé porque había ido al lugar en donde estaba y pensé que no me había equivocado.
Había un pequeño arroyo, que desde donde yo yacía se veía como un fino hilo plateado. Desaparecía y reaparecía de entre una tela, de distintas tonalidades de verde, con bordados de distintas formas y colores muy intensos. Hacía falta hacer un esfuerzo visual para distinguir que eso verde en el fondo era, en realidad, un conjunto de varios árboles. La vegetación era tan tupida que costaba distinguir el final de una planta del comienzo de la siguiente, y más desde aquella gran altura.
Entre el verdor, llamaban la atención los espacios completamente desiertos. Estaban distribuidos aleatoriamente. Algunos eran más grandes que otros. En su mayoría eran grises -rocosos- o amarillos -arenosos. La luz rebotaba en ellos con bastante intensidad. En contraste con el verdor, brillaban.
Se me ocurrió hacer bizcos. Me di cuenta, entonces, que con facilidad lo que había en la profundidad del abismo podía confundirse con el cielo. Imaginé que lo puntos brillantes, en medio de la mancha oscura, eran estrellas. El hilo plateado era la Vía Láctea y la mancha, por supuesto, el cielo nocturno. Si no el cielo que observamos desde la tierra, por lo menos un cielo, de algún otro mundo, tendría que asemejársele a lo que veía.
Tomé valor, y me paré. Mis pies sobresalían unos milímetros de donde se terminaba el suelo firme. Encendí un cigarrillo mientras comenzaban a correr algunas lágrimas por mis mejillas. Me las froté. Ya no valía la pena sentir dolor.
Abrí los brazos, y sin pensarlo salté. Pensé que caería, era mi intención terminar con mi vida ese día, pero para mi sorpresa comencé a volar, cada vez más alto, hacía un bellísimo cielo... estrellado.
Me armé de valor, y, como una serpiente, me deslicé de nuevo hacia la orilla de aquel impresionante acantilado. El viento subía furioso, silbando, pero no logró asustarme de nuevo. Incluso, descubrí que me fascinaba la sensación de soporte que le daba a mi cabeza. Tenía la ventaja, además, de que mantenía libre mi cara de mis largos cabellos, que ,como si cada uno de ellos estuviera atado a un papalote invisible, se elevaban hacia el cielo. Cerré los ojos unos segundos, y sentí que mi cabeza se separaba de mi cuerpo. Subía cada vez más alto, cruzando algunas nubes espesas, para, finalmente, ser arrastrada por una corriente de viento que la llevaría al otro lado del mundo.
Por desgracia, mi cabeza seguía ahí, donde mismo, pegada a mi cuerpo por el cuello y repleta de complicados conflictos que atormentaban mi existencia. Despegué mis párpados, y me arrepentí de haber deseado, tan sólo hacía un instante, que mi cabeza estuviera en otra parte. Creo que mis ojos difícilmente hubieran encontrado un paisaje más hermoso, que ese que contemplaban ahí, en el fondo del profundo abismo. Recordé porque había ido al lugar en donde estaba y pensé que no me había equivocado.
Había un pequeño arroyo, que desde donde yo yacía se veía como un fino hilo plateado. Desaparecía y reaparecía de entre una tela, de distintas tonalidades de verde, con bordados de distintas formas y colores muy intensos. Hacía falta hacer un esfuerzo visual para distinguir que eso verde en el fondo era, en realidad, un conjunto de varios árboles. La vegetación era tan tupida que costaba distinguir el final de una planta del comienzo de la siguiente, y más desde aquella gran altura.
Entre el verdor, llamaban la atención los espacios completamente desiertos. Estaban distribuidos aleatoriamente. Algunos eran más grandes que otros. En su mayoría eran grises -rocosos- o amarillos -arenosos. La luz rebotaba en ellos con bastante intensidad. En contraste con el verdor, brillaban.
Se me ocurrió hacer bizcos. Me di cuenta, entonces, que con facilidad lo que había en la profundidad del abismo podía confundirse con el cielo. Imaginé que lo puntos brillantes, en medio de la mancha oscura, eran estrellas. El hilo plateado era la Vía Láctea y la mancha, por supuesto, el cielo nocturno. Si no el cielo que observamos desde la tierra, por lo menos un cielo, de algún otro mundo, tendría que asemejársele a lo que veía.
Tomé valor, y me paré. Mis pies sobresalían unos milímetros de donde se terminaba el suelo firme. Encendí un cigarrillo mientras comenzaban a correr algunas lágrimas por mis mejillas. Me las froté. Ya no valía la pena sentir dolor.
Abrí los brazos, y sin pensarlo salté. Pensé que caería, era mi intención terminar con mi vida ese día, pero para mi sorpresa comencé a volar, cada vez más alto, hacía un bellísimo cielo... estrellado.
5 comentarios:
Esta chido tu cuento, peeeero, como lo kieres hacer cuento y eso si casi no pasa nada, y pues es mas metaforico ke visual. (ajá sone como si realmente supiera de lo ke hablo) pero si esta chido el cuento y si kieres te ayudo a hacerlo.
Chris (¬_¬)
ROFLMAO, Lmaonade
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=======\___/lol lol lol lol\___/LOL LOL LOL LOL
No salio bien... el espacio para poner comentarios esta muy pequeño, sugiero que modifiques eso para que pueda dar mi opinion critica y veraz de lo que escribes.
Mina: "Me impresionó. La lectura produjo en mí un efecto inesperado: susto mezclado con la fantasía de poder tomar una mano y retener. El abismo mágico puede ser maravilloso, pero ¿qué faltaba del otro lado para sentirse hipnotizado por esa vacuidad atrayente, que me hace pensar en la Bella Durmiente atraída por la señal de Maléfica? ¡Felicidades!, vas que vuelas, pero no al abismo, sino a la ruta de la creatividad.
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